lunes 19 de enero de 2009

Las flores de la primavera

Ver el Kioto que dibuja Kawabata contagia felicidad. ¿Cómo no anhelar asomarnos y ver por nosotros mismos esas violetas florecidas en el tronco de un viejo arce, aquel bosquecillo de bambú que oculta un templo, esos pétalos que flotan en un estanque? ¿Cómo? ¿Cómo no soñar con sostener en el hueco de la mano las flores de cerezo de Omuro? ¿Cómo no anhelar ver bajar el sol en el cielo sobre Nishiyama?

Kioto, la vieja capital, es un lugar de ensueño. Después de haber leído a Kawabata sé que me resultará imposible visitar Kioto y no sentirlo evocado a cada paso, así como en Praga sentí evocada, alguna vez, la sombra de Meyrink y de Kafka.

Dicen que la luna que vemos hoy no es la misma que han visto nuestros ancestros. La poesía la ha mejorado, la ha cambiado. Hoy Kioto es más bello de lo que era ayer.

1 comentarios:

  1. leeré ste libro sin falta, gracias por la referencia.

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