lunes 13 de julio de 2009

Épica samurái

Lo recuerdo bien, no fue hace tanto: nuestro vuelo a Frankfurt hacía una pequeña escala en Madrid. Sólo disponíamos de unas pocas horas, y con Mariana escapamos del aeropuerto para recorrer la ciudad. Somos ratones de biblioteca, no hay dudas. Llevamos en la sangre el santo oficio de cazadores de libros: sin proponérnoslo, en algún punto intermedio entre el Museo del Jamón, la Puerta del Sol y la Plaza Mayor, acabamos recorriendo librerías. Los astros no parecían alineados a nuestro favor ese día: todo era bestseller de bolsillo y novedades de estación. Hasta que de pronto, ¡Zas! En un rincón cualquiera, lo ví. El Cantar de Heike. Era igual al de mis sueños. Llevaba tiempo buscándolo, aunque más no fuera para sostenerlo entre las manos, para sopesarlo, para sentir el olor de la tinta sobre sus páginas. No había asomado a Buenos Aires: la globalización es una señora de desabillé, rulero y pésimo gusto artístico, pero con sólidas nociones de economía hogareña. 44 euros es un precio imposible. De todos modos, ahí, momentos antes de abandonar Madrid, tuve mi momento de duda y de zozobra.

“Es el Heike”, pensé. Había leído algunos textos críticos y varios fragmentos publicados por Carlos Rubio en su Claves y textos de la literatura japonesa. “Es la irrupción de la épica, la llegada del honor samurái. Es la batalla Dan no ura, son los bonzos ciegos, son los pantanos y las ciénagas que salpican de barro la suntuosidad y el refinamiento de los antiguos corredores imperiales”.

Creo que me salvó encontrar otro libro que también buscaba desde el comienzo de los tiempos: El libro de Almohada, en la caprichosa traducción de Borges y Kodama. ¿Cómo puede ser que ese libro, editado por Alianza, no se consiga en Buenos Aires? En cualquier caso, ese memorable día en el que la Navidad ya se dejaba reconocer a la vuelta de la esquina, el cerezo le ganó a la espada, una vez más.

Escribo estas líneas porque, por estos días, el Heike –no exactamente ese, pero sí otro igualito– está por fin a nuestro alcance: Gredos ha lanzado una nueva edición. Es de tapa blanda ahora, pero créanme: no ha perdido nada de su seducción original.

Tengo un ejemplar a mi lado, bien cerquita: espero que no se haya notado mi ansiedad por concluir rápido este asunto y tirarme con una almohada en mi sillón favorito a leer.

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