Lo recuerdo bien, no fue hace tanto: nuestro vuelo a Frankfurt hacía una pequeña escala en Madrid. Sólo disponíamos de unas pocas horas, y con Mariana escapamos del aeropuerto para recorrer la ciudad. Somos ratones de biblioteca, no hay dudas. Llevamos en la sangre el santo oficio de cazadores de libros: sin proponérnoslo, en algún punto intermedio entre el Museo del Jamón,
“Es el Heike”, pensé. Había leído algunos textos críticos y varios fragmentos publicados por Carlos Rubio en su Claves y textos de la literatura japonesa. “Es la irrupción de la épica, la llegada del honor samurái. Es la batalla Dan no ura, son los bonzos ciegos, son los pantanos y las ciénagas que salpican de barro la suntuosidad y el refinamiento de los antiguos corredores imperiales”.
Creo que me salvó encontrar otro libro que también buscaba desde el comienzo de los tiempos: El libro de Almohada, en la caprichosa traducción de Borges y Kodama. ¿Cómo puede ser que ese libro, editado por Alianza, no se consiga en Buenos Aires? En cualquier caso, ese memorable día en el que
Escribo estas líneas porque, por estos días, el Heike –no exactamente ese, pero sí otro igualito– está por fin a nuestro alcance: Gredos ha lanzado una nueva edición. Es de tapa blanda ahora, pero créanme: no ha perdido nada de su seducción original.
Tengo un ejemplar a mi lado, bien cerquita: espero que no se haya notado mi ansiedad por concluir rápido este asunto y tirarme con una almohada en mi sillón favorito a leer.
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