Parece que Gakugyojoju omamori estuvo de mi lado la semana pasada, cuando rendí mi examen de japonés. Acaso deba agradecer a este dios de la escritura, la poesía y los estudios el 10 de mi examen. El premio fue doble. No sólo me fue bien sino que mi sensei –Raúl González– me regaló un libro de teatro Noh que ya no se consigue en librerías: El teatro Noh de Japón, editado por Tsé-tsé. Incluye cinco obras completas, algunas traducidas y anotadas por él, precedidas de una introducción general.
Tanto mayor fue mi alegría cuando descubrí que las obras traducidas son distintas a las incluidas en el único libro de teatro Noh que pude conseguir en Buenos Aires (Zeami Fūshikaden). ¿Cómo es posible que cueste tanto conseguir obras de teatro Noh en casa?
Me espera, ahora, la lectura de:
Takasago, de Zeami
Tomonaga, de Zeami
Komachi en Sekidera, de Zeami
Komachi y las cien noches, de Kannami
Adachiga Hara, de Komparu Zenchiku
Y nuestra biblioteca de literatura japonesa sigue creciendo… ya ha comenzado a invadir el estante de Europa.
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